Trabajar con el álbum ilustrado

En otro post, nos introdujimos en el mundo de los álbumes ilustrados.

A continuación os muestro un resumen sacado del libro Siete llaves para valorar las historias infantiles, cuyo capítulo 1 nos explica cómo son los álbumes ilustrados, a la vez que nos da pistas para valorarlos y analizarlos.

Siete llaves para valorar las historias infantiles. Ver y leer: historias a través de dos códigos

Los niños y niñas acostumbran a hacer su entrada en los libros a través de obras formadas sólo por imágenes y, más adelante ya son capaces de seguir una historia completa y en el que los libros tienen un texto que exige ser leído.

Puede ser que el texto sea comprensible por sí mismo y que las imágenes simplemente lo “ilustren”. Ha sido lo más frecuente en la historia de la literatura infantil y muchos libros actuales continúan siendo así. Pero puede tratarse de un cuento en el que una parte de la “información” se halle en el texto y otra parte esté contenida en las ilustraciones. Y también puede ocurrir que las ilustraciones que acompañen a un texto “vuelen solas” y ofrezcan una información extra, no estrictamente necesaria para comprender la historia.

De estas tres opciones, trataremos la segunda: los “álbumes”. Son los cuentos ilustrados donde texto e imagen colaboran juntos para establecer el significado de la historia, de manera que para contar lo que allí sucede tenemos que recurrir tanto a lo que dicen las palabras, como a lo que “dicen” las ilustraciones. Con la lectura de álbumes los lectores aprenden a buscar el sentido de las historias en un proceso que integra dos códigos distintos.

Aunque pueden existir álbumes para todas las edades, su reino se halla principalmente para primeros lectores. Ello es así porque la imagen ha brindado una buena solución al dilema de ofrecer historias escritas a niños y niñas capaces ya de entender historias bastante complejas si las oyen, pero aún sin habilidad de lectura suficiente para comprenderlas a través del escrito.

En los álbumes, tanto las palabras como las imágenes pueden tener muchas funciones: contar, subrayar, desmentir, caracterizar, imprimir un tono, crear una atmósfera o insertar un punto de vista nuevo en la narración. El “contrato” entre ambos códigos puede ser, también, de muchos tipos: a veces la ilustración complementa la información que el texto ofrece; otras juega a contradecirla, creando generalmente efectos irónicos o humorísticos; en otras ocasiones la exagera hasta el punto de convertirse en una parodia de lo que dice el texto...




Ver antes de leer.

Existe la idea de que el texto antecede a la ilustración, es decir, el texto dice antes y después la imagen ilustra lo dicho. Pero ello muchas veces no es así.
Respecto al momento de la creación de los álbumes, justamente esta diferencia puede dividirlos en dos grupos de obras: los libros escritos e ilustrados por la misma persona, y los libros realizados por un escritor y un ilustrador posterior.

  • En los libros escritos y dibujados por un mismo autor, no hay “primero” un texto y “después” unas ilustraciones; hay un todo narrativo en el que los límites entre un componente y otro son difusos, estableciéndose muchas veces relaciones de simultaneidad e interdependencia que difícilmente se encuentran en libros creados por dos personas.
  • Cuando el libro pertenece al segundo caso, se trata de obras en las que primero fue escrito un texto y, después, otra persona, el ilustrador, hizo una segunda lectura personal y realizó una recreación singular de esta lectura, construyendo una “historia paralela”.
  • Conferir protagonismo: la ilustración tenderá a desatacar a sus protagonistas y a recordar al lector la importancia de cada personaje.
  • Caracterizar a los personajes: los colores tienen determinadas connotaciones que les asocian a emociones o rasgos de la personalidad; por ello son un recurso muy utilizado para traducir características de los personajes.
  • Puede ocurrir que el texto y las ilustraciones no estén orquestados de ninguna manera.
  • Puede ocurrir que las ilustraciones no mantengan la consistencia del mundo creado, y se tenga la impresión de que cambiamos de historia.
  • Puede ocurrir que las ilustraciones elijan mostrar justo los momentos de la acción que el texto ya retrata con energía.
  • Puede ocurrir lo contrario: que el texto sea redundante y que repita lo que las ilustraciones ya han dicho.
  • Puede ocurrir que el álbum sea una excusa para que el ilustrador despliegue su arte, sin intentar interpretar o amoldarse al tono del texto.
  • Puede ocurrir que un álbum por el sólo hecho de serlo, se destine a lectores que se inician, sin tomar en cuenta su complejidad y contenido.


En cuanto a la recepción del niño, precisamente los elementos gráficos son los que acostumbran a fijar primero la atención del lector haciendo las presentaciones entre el libro y los niños. Portada y contraportada pasan a tener un papel narrativo que ha empezado antes de leer el texto, al coger el libro y contemplarlo como objeto, o que termina después de la lectura iluminando retrospectivamente el sentido de la historia.

Cuando el lector se adentra en el libro, tampoco sigue necesariamente el orden de leer primero el texto y después mirar la ilustración. En un tipo de libro como el álbum, la ilustración tiene un protagonismo que salta a la vista y la mirada de los lectores tiende precisamente a observar la imagen antes de detenerse en el texto. O bien, en otros casos, interrumpe la lectura del escrito para expandirla con la información que aportan las ilustraciones y después vuelve a retomar el hilo.

Con esta forma de proceder, el orden que siguen las ilustraciones en los cambios de páginas tiene mucho que ver con la manera en que el autor desea que sean desvelados los acontecimientos. La ilustración va a colaborar estrechamente con la intriga de la narración y con la creación de expectativas sobre lo que se puede esperar de la historia.

La sintaxis de las imágenes.


Si tienen un papel constructivo, las ilustraciones no se ofrecen como una serie de cuadros aislados, sino que se unen en una “frase narrativa” formada por una secuenciación y un ritmo que contribuyen a marcar el tránsito de la lectura. Envían alertas al lector para que se detenga y se fije, o bien le invitan a pasar la página para seguir leyendo.

En la configuración de esta sintaxis visual existen ciertas convenciones para guiar el recorrido del lector.

Cuando quieren contar, las ilustraciones tienden a orientarse en el mismo sentido de la lectura. El lector ha aprendido que los textos, y los libros, siguen un itinerario de izquierda a derecha, pero su mirada es proclive a detenerse en la página de la derecha y especialmente en el extremo superior derecho. Por eso, cuando el ilustrador quiere llamar la atención sobre algo especial, comúnmente lo coloca en esta posición, de manera que, por ejemplo, un detalle de intriga situado en el lado derecho de la página impar constituye una invitación a pasar página.

El sentido de la orientación define en el álbum un movimiento en el espacio que va más allá de la página y que tiende a enlazar una página con otra. Cuanto más a la derecha de la página, más cercano puede estar el personaje a “irse”, a continuar el itinerario de la historia. En cambio, un personaje ubicado en el centro o en la izquierda de la página puede producir la sensación de hallarse en una situación más estable, estática y segura.
También, la secuencia temporal también puede darse no una página tras otra, sino dentro de la misma página.

Hay que tener en cuenta que pequeños cambios en la expresión de las secuencias pueden tener algún propósito.

Por otra parte, entre una ilustración y la que le sigue, puede haber un espacio o una acción que no se representa, aunque el lector pueda reconstruirla mentalmente.

Pare y mire.

Si la forma de secuenciar las imágenes o la orientación de perspectivas y personajes podía contribuir al ritmo temporal del desarrollo de la historia, cuando los álbumes desean romper la secuencia y detener al lector utilizan otros recursos. Es lo que hacen los pop-up, con el surgimiento repentino de imágenes en volumen.

La creación del mundo de ficción.

Una de las características de los álbumes es que no se exige a los lectores que construyan el mundo de ficción sólo a partir de las palabras. Las ilustraciones ofrecen una imagen de los personajes, escenarios y situaciones que desfilan con forma propia ante nuestros ojos. Ello amplía nuestra forma de imaginar el mundo, incorporando las ofrecidas por cada artista, a la vez que contribuye a aligerar el texto de elementos descriptivos. El escaso texto se dedica, a su vez, a explotar intensivamente los recursos verbales de que dispone, tales como la repetición matizada de palabras o frases, la precisión de los adjetivos, la sugerencia fónica...

Dada la importancia de los personajes en los cuentos infantiles, su caracterización es un punto especialmente delicado. Los ilustradores utilizan una gran cantidad de recursos para otorgarles grados de protagonismo en la narración, para profundizar en sus características o para mediar entre ellos y el lector. Veamos algunos ejemplos de cómo los elementos gráficos pueden llevar a cabo estas tareas:

En los cuentos populares y en la mayoría de los libros infantiles, los personajes “son” de una determinada manera a lo largo de toda la historia. Pero en otros casos su caracterización se complica porque cambian durante el relato. La ilustración se hace cargo, también, de hacer notar al lector que el personaje no es estático, sino que evoluciona en el transcurso de la narración.

De la misma manera en que el texto narrativo adopta un punto de vista, las imágenes se presentan también vistas desde alguna parte. Ese lugar generalmente coincide con la perspectiva en la que la obra quiere colocar al lector con respecto a una situación o a un personaje. El lector tiene una ubicación en la ilustración. Se le coloca arriba generalmente cuando se quiere que domine la situación, o abajo cuando se le presenta algo que intimida. Se le puede hacer mirar desde el punto de vista de algún personaje o frente a frente uniendo su mirada con un personaje con el que quiere que haya empatía. En ocasiones, incluso, puede situarse dentro o fuera de la ilustración.

La voz de la imagen.

El tono de un álbum no lo aporta únicamente la voz del narrador, sino que ésta se complementa con la opción plástica que se ha escogido para representar la historia. Las buenas ilustraciones ambientan con el texto en una relación dinámica en la que ambos surgen más favorecidos: si lo interpretan lo enriquecen en vez de redundar; si lo amplifican lo potencian en vez de anularlo; si lo contradicen, lo hacen buscando intencionalmente la disonancia...

Generalmente suele haber adecuación entre el tono de la historia y el tono de los ambientes.

Problemas de los álbumes.

  • Puede ocurrir que el texto y las ilustraciones no estén orquestados de ninguna manera.
  • Puede ocurrir que las ilustraciones no mantengan la consistencia del mundo creado, y se tenga la impresión de que cambiamos de historia.
  • Puede ocurrir que las ilustraciones elijan mostrar justo los momentos de la acción que el texto ya retrata con energía.
  • Puede ocurrir lo contrario: que el texto sea redundante y que repita lo que las ilustraciones ya han dicho.
  • Puede ocurrir que el álbum sea una excusa para que el ilustrador despliegue su arte, sin intentar interpretar o amoldarse al tono del texto.
  • Puede ocurrir que un álbum por el sólo hecho de serlo, se destine a lectores que se inician, sin tomar en cuenta su complejidad y contenido.

Fuente: Colomer, Teresa (2007). Siete llaves para valorar las historias infantiles.

2 comentarios:

  1. Olé por los álbumes ilustrados, me alegro de que los trabajes, te puedo enviar muchos más. Un saludo, Elena

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    1. Muchas gracias, Elena. Gracias a su asignatura he descubierto el "mágico mundo" de los álbumes ilustrados.

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